Feliz Día de los Padres

Siempre pensé que los que se habían quedado en Cuba tenían un dominio del idioma superior al mío por haberse formado sin la influencia de otra lengua en constante roce por los medios de comunicación o por haber cursado estudios formales en otro idioma. Me doy cuenta que la antiguamente prestigiosa Escuela de Ingeniería de la Universidad de La Habana, hoy degradada por el desmedido afán castrista de borrar el pasado y re-escribir la Historia de Cuba a lo que se denomina Centro Universitario José Antonio Echevarría, otorga diplomas a los que pasan por ella sin preocuparse si ella pasó por los que reciben títulos universitarios. Veo que me equivocaba.

Hoy utilizo este medio para responder al que me envió esa nota que pudiera representar a muchos de los que de tontos útiles mantienen al castrismo en el poder.

A pesar que uno es esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla, tu carta me obliga a contestarte. Por respeto a las posibles represalias que los perros del gobierno que demuestras apoyar pudieran tomar contra ti al espiar lo que escribo, no te respondo directamente a tu correo electrónico. Así, en el anonimato de la red, no pueden dar contigo para castigarte por mis correcciones a las falsedades que como papagayo repites dentro de ese mundo sumido en la miseria que te rodea.

Te aporto otra perspectiva, la del mundo libre, siendo la libertad un tesoro que convenientemente te han hecho olvidar. Es duro llegar a la vejez asimilando que los errores de los padres llegan a tronchar el resto de la vida de lo que más quieren. Lamentablemente, tu mamá escogió quedarse allá sin vislumbrar lo que ese pantano produciría tanto en forma como en espíritu.

Comienzo por aseverar que todo lo que dices es falso. Nada de lo que escribes cuadra. De cuadrar, no hubieras venido a pasarte meses trabajando en la bodega de tu padre para llevarte dinero ahorrado y con él remozar tu casa allá ni tu hijo hoy viviera fuera del país ni tú estuvieras gestionando una ciudadanía española después de haberte pasado la vida productiva bajo el totalitarismo sanguinario del castrismo, esa revolución que tanto te quitó y que por lo que leo en tu misiva, ni cuenta te has dado.

El embargo del que hablas—si funcionara—solamente cubriría productos que saldrían de los EE.UU. directamente hacia Cuba y aparte de ese único origen, todavía queda un mundo gigante de donde los productos siguen entrando ininterrumpidamente en Cuba; y entran porque en la Zona Cero no falta nada y mientras el pueblo vive en la pocilga los altos mandos y sus cipayos viven como Carmelina–Mariela viajando el mundo y los hijos de Fidel paseándose y fotografiándose en yate de lujo por el Mediterráneo–siempre practicando la ley del embudo que si no comprendes mi referencia es “lo ancho para mí y lo estrecho para ti.”

Reflexiona. La miseria a tu alrededor no es producto de un embargo burlado. Primero porque los productos de todas partes entran en Cuba y específicamente los americanos se importan desde Canadá, las Bahamas, México, Nicaragua, Panamá, Colombia y Venezuela por no incluir entre muchos otros a los españoles y los franceses quienes han hecho de la miseria cubana una forma de vida, enriqueciéndose con el suplicio de los cubanos, a quienes explotan en cada uno de sus viajes y en cada uno de sus negocios en colaboración con el régimen nefasto. Segundo porque la escasez es producto de la falta de producción. Cuba era un país exportador; se exportaba todo lo que la industria cubana producía y en esa actividad económica el pueblo se beneficiaba con un estándar de vida tan alto que estaba a la cabeza de la América latina y era superior en el año 1958 al de España, Francia, Italia y muchos otros países europeos. Hoy se importa hasta el azúcar porque los imbéciles en el poder no supieron conservar esas fuentes de trabajo ni fundar ninguna nueva, dedicándose mejor a fomentar el odio, el rencor y la envidia, creando falsos enemigos para unir al pueblo en una lucha imaginaria que ya data seis décadas a fin de consolidar en el poder al totalitarismo despótico que hoy goza mientras el pueblo muere en la indigencia. Analiza. Cuba hoy es un pueblo que prefiere arriesgarse a escapar que permanecer ahogado en esa miseria social, sicológica y económica.

Aunque ese despotismo que beneficia exclusivamente la atorrante cúpula despreciable del poder en Cuba y sus cipayos que condena a la miseria al resto de los cubanos debió haberse acabado hace muchas décadas, para la maquinaria represiva castrista todo el tiempo del mundo es poco para seguir lucrando a expensas de la libertad del pueblo. Hoy se quejan porque habiendo pensado que los norteamericanos les iban a abrir nuevas formas de sustentar su represión les salió un presidente nuevo que por haberse formado en el capitalismo comprende muy claramente que el respeto a la propiedad privada y a los derechos humanos vienen de la mano para poner fin a la miseria en que hoy viven los cubanos. El presidente Trump recalca que mientras no se reconozcan los derechos humanos y la propiedad privada en esa Cuba destruida por el castrismo no habrá concesiones.

Para los malparidos castristas, el presidente Trump es un enemigo porque los obliga a apreciar el fin de su dinastía decadente; para beneficiar la calidad de vida y la economía del país, tienen que restarse ellos del infinito control que ejercen sobre sus víctimas. Trump los obliga a un proceso de elecciones libres con múltiples partidos políticos y diferentes candidatos en la boleta electoral para que tras un sufragio secreto el país decida su nuevo curso, basado en las normas democráticas prevalentes que incluyen tres ramas gubernamentales independientes y sobre todo un poder judicial autónomo que no se doblegue más que ante la justicia y el respeto a los derechos humanos. En Cuba no hay justicia desde que tomaron el poder esos cuatreros; todo se supedita a lo que quieran los perros castristas.

El cambio que propone Trump se basa en la realidad del siglo veintiuno y refleja todo lo que los déspotas en Cuba quieren negar–la historia que allá han tratado vehementemente de re-escribir para no dejar ver al resto del mundo su gran fracaso. Los hechos demuestran que los castristas y sus cipayos no eran más que unos resentidos envidiosos cuando tomaron el mando, ladrones y gente incapacitada para dirigir el destino de un país libre.

Muy a pesar de lo que pronosticó Fidel, la historia no absolvió a ese hijo de Lina. Al contrario, lo condena. Y lo condena por mentiroso, envidioso, inepto, corrupto, y fracasado.

Hoy la envidia por lo que se fundó en Miami a manos de los exiliados sumada a la estupidez de no mantener funcionando ni siquiera escasamente lo que dejaron atrás los exiliados cuando los ladrones del castrismo tomaron todas esas fuentes de ingreso y las desbarataron por cafres los consume. Incrementando su envidiosa existencia es la proximidad a esa metrópolis erecta precisamente por todos los que prefirieron abandonar sus negocios, sus propiedades, sus carreras universitarias y su cultura a cambio de tener libertad, librándose de ese lastre envidioso, inepto y miserable para cansarse de triunfar en el extranjero. La única arma que tienen es la negación de la realidad, prevenir que en Cuba se sepa lo que ocurre fuera de su Gulag caribeño.

De no reprimir la información, se conociera dentro de la isla que los Castro, enriqueciéndose personalmente y salpicándoles a sus cipayos migajas de prebendas a cambio de su deshumanizante lealtad, desperdiciaron los $5 millones de dólares diarios que les facilitó la Unión Soviética por más de veinte años y posteriormente, las riquezas del petróleo venezolano que desbancó a Venezuela para apabullarse más la familia Castro y los cipayos que los mantienen en el poder por proteger las escasas migajas que les caen de la mesa de sus amos castristas.

Llevaban más de un año pensando que la mano abierta de Obama les iba a mantener el mismo despilfarro y apenas dieciocho meses más tarde se encuentran con que Trump les rompió el paso doble. Están desquiciados; no saben cómo atacar y deciden continuar la campaña que durante cincuenta y ocho años y seis meses les ha parecido que daba resultado: calumniar, mentir, tratar de re-escribir la historia y apabullar la disidencia. Muy a su pesar, el punto es que lo único que les queda es el pataleo.

Reclamen. Griten. Insulten. Mientan. Pero después de la perreta, si no cambian el esquema quedan sumidos en la miseria castrista. Sin la Unión Soviética y ahora sin Venezuela, a los de arriba que mantienen el yugo sobre el resto, les guste o no, se les acabó la papa.

En lo que a mí personalmente respecta, para que no vuelvas a equivocarte en pensar que de alguna forma comparta tu repugnante cacofonía, llevo cincuentiséis años exiliado por culpa de esos malparidos. Por el castrismo indigno y por una revolución traicionada no pude crecer al lado de mis familiares más queridos ni permanecer a su lado hasta cerrarles los ojos cristianamente en agradecimiento del amor que me dieron y por la niñez tan fabulosa que por sus esfuerzos pude disfrutar hasta el advenimiento de esos cuatreros indefendibles. Me es inadmisible que por la ceguera deliberada de tantos tontos útiles unos cuantos sinvergüenzas sigan controlando el presente y el futuro de todos los cubanos que padecen irremisiblemente bajo el totalitarismo mediocre forjador de miserias indescriptibles.

De Fidel para abajo, como no podían crear nada por su propio esfuerzo ni por su escaso intelecto, se robaron todo lo que había de otros en la isla y lo convirtieron uno a uno en excremento. Por eso la destrucción y el abandono miserable a tu alrededor solo muestra la gloria pasada. No hay nada nuevo, todo lo que fue lo convirtieron en estiércol en una demostración a la inversa de la magia del rey Midas.

Es bochornoso que haya gente como tú que defienda esa lacre haciendo eco a lemas invalidados por la realidad, por la depravación social, por el derrumbe cultural de lo que fue Cuba. Increíble que haya quien defienda esa miseria social producto del castrismo y sus cincuenta y ocho años y medio en el poder. No te quede duda alguna, únicamente los ladrones, los envidiosos y los fracasados intelectualmente son castristas.

¡Abajo el castrismo!

¡Viva Cuba libre!

About Francisco

Born in Cuba; political exile; American by choice; polyglot; father of four, grandfather of two; occupationally semi-retired; reader; writer; lover of mankind and nature; searcher of truths; hungry for wisdom; open-minded; romantic realist; critical thinker, enemy of despotism, government abuse, and inequality; believer and faithful; social liberal, fiscal conservative; in a quest to unmask the hypocrisy and the corruption enslaving overwhelming numbers of God's creatures around the world.
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